El día que conté un cuento con mis dibujos

21.04.2023

Llegué a la escuela cerca de las diez de la mañana y las maestras me avisaron de que llevarían a los niños hacia el aula en cuestión de minutos.

Todo estaba a punto: el papel de 2 metros de largo me esperaba colgado en la pared. También Anna, una de las maestras, que ya llevaba el guión en sus manos. Abrí la cajita de ceras y la bolsa de los títeres de papel que había estado ilustrando semanas atrás. -Mejor colocarlas en orden- me dije- que tendrás que ir muy rápido.

Estaba algo nerviosa y emocionada. Nunca había realizado ninguna actividad con niños tan pequeños (de 1 y 2 años). También sufría un poco por Miquel, porque sabía que cuando me viera querría que lo cogiera en brazos y así fue: sólo verme, “me hizo brazos” y se me enganchó como un koala. Con el corazón encogido, esperé a que se calmara sentado en el suelo, en el regazo de una maestra. Cuando todos estuvieron en su sitio, bien sentados, Anna empezó a narrar…

Durante los siguientes 20 minutos lo di todo. Dibujando, gesticulando y moviendo aquellos animalitos de papel de una punta a la otra de la clase, donde niños y niñas sentados en fila en el suelo, los miraban con la boca abierta.

A ratos dibujaba en ese papel tan grande, a ratos paseaba los títeres, acompañando la voz que contaba la historia de un gusanito que tenía mucho miedo y que buscaba consejo en sus amigos.

Hice mucho el mono, totalmente transformada e inmersa en la historia. Anna llegó a la útlima frase: “y ya no tengo miedo”, dice el Gusano.

Con el cuerpo cansado y las manos sucias de las ceras de colores, volví en mí. Los ojos me brillaban. ¡Había hecho un espectáculo con mis ilustraciones! Miquel me sonreía y me sentía muy feliz.

Fue magia y los días que estoy nublada intento revivir la experiencia del día que fui a la guardería a compartir mis ilustraciones. Yo, como Gusanito, ya no tengo miedo. (gracias “El Pot Petit”, por crear canciones así).